Por Omar Auel
Uno de los grandes desastres humanitarios todavía no dimensionados en su magnitud, son los sucesivos azotes que vienen soportando los habitantes del Impenetrable chaqueño. En su mayoría aborígenes de la comunidad Qom o Toba y en menor número Wichís y los criollos del lugar. Es que estas calamidades no respetan etnias.
La última catástrofe sanitaria es la del dengue, con mas de diez mil afectados en la provincia de Chaco. Pero esto se suma a las otras plagas que desde hace tiempo vienen afectando a los pobladores, como son la tuberculosis, el mal de Chagas, la leishmaniasis, la sequía y el hambre.
Para la persona urbana resulta casi incomprensible este modo de vida tan ajeno a las necesidades citadinas, tan alejado del consumo de la modernidad.
Aquello es la necesidad permanente, el desequilibrio hacia el lado de la desgracia, el intento de sobrevivir al abandono.
Pero, el aborigen vivió en armonía en su monte, pasando de generación en generación los conocimientos heredados, sin necesidades que no pudiesen ser cubiertas por el medio que lo rodeaba. El río, los animales, las plantas y la comunidad.
Desde el mal llamado descubrimiento de América, una y otra vez los pueblos originarios han sido sometidos, sin respeto, sin entenderlos, considerados atrasados, vagos, incivilizados. Lo cierto es que no necesitaban ser descubiertos, porque eran por sí mismos, tenían su identidad propia. Pero el dominador debía dejar su huella de poder en la historia.
Una historia que parece haberse detenido en el Impenetrable o quizás nunca haya pasado o quizás sus habitantes originarios no quieran que pase, porque de este lado estamos nosotros y lo que se ve, no les entusiasma.
"Soy el olvidau
el mismo que un día
se puso de pie
tragando tierra y saliva
camino hacia el sol,
para curar las heridas."
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