La intensa ola polar que afecta al país provocó copiosas nevadas en distintas ciudades.
La gente salió a la calle a "festejar", fabricaron sus muñecos de nieve, se divirtieron.
Ya cansados, volvieron a sus casas calefaccionadas y se calentaron un plato de sopa.
Todo muy lindo, pero...
¿Y esa gente que vive en la calle, que buscan en los puentes o en algún rincón de las veredas el amparo que les falta?
Mientras unos se frotan las manos frente al calefactor, complacidos por el calor que los protege de la adversidad que reina a la intemperie, otros no pueden detener la intemperie que se filtra por los poros.
En los titulares de los diarios se lee:"La ola polar sigue cobrándose víctimas”
Este invierno es como una puñalada en la piel de la pobreza y retumba en el silencio del anonimato el tiritar de los sin techo.
¿Somos conscientes de lo dramática y peligrosa que el frío vuelve a la vida de los más pobres y de lo increíblemente desamparados que quedan en medio de una sociedad que tantas veces no los tiene presente entre sus preocupaciones?